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el cojo manteca





Recientemente nos hemos metido en el proyecto de volver a reunir a los viejos compañeros de clase. Sí, a esos a los que no vemos desde hace casi 20 años.


Ayer salió en el telediario el cojo manteca en aquellas manifestaciones. Yo solo fui a una y la verdad es que corrí bastante ( por aquel entonces estaba en forma).


Se pedían varias cosas, pero sobre todo la abolición de la selectividad y lo cierto es que se consiguió casi todo, supresión de tasas, etc, excepto que quitasen la selectividad. Por aquel entonces, Juan Ignacio Ramos era como un Dios, un líder, daba conferencias y lanzaba proclamas en todos los institutos. En los carteles ponían su nombre en grande, jiramos, todo junto, y muchos de nosotros, con clara vocación lingüística cambiábamos la j por la g.


Al cojo Manteca no le vimos ninguno, aunque todos decían que estaban a su lado, un poco como en mayo del 68 que si hubiesen estado en Paris todos los que dicen que estuvieron habían hecho falta 7 parises, por lo meenos.


Aquella huelga del curso 86/87, sirvió para despertar el espíritu crítico de muchos de nosotros, y para tirar el curso también.


Un día de aquel curso un alumno fue atropellado al cruzar por un peligroso cruce que había junto al instituto, poco a poco se corrió la voz y hicimos una sentada en el mismo cruce cortando el intenso tráfico de aquella carretera. La verdad es que fuimos un poco inconscientes, sobretodo los que se pusieron los primeros, pero allí estuvimos casi tres horas, hasta que bajó el alcalde a prometernos que pondría un semáforo. Poco después aquel cruce tenía un semáforo y más tarde una bonita rotonda con fuente incorporada.


Volvemos al proyecto, el día 22 de junio comeremos todos en el campo, junto a la ermita de la Herrería. Ya somos unos 10, esperamos ser , por lo menos, el doble. Antes, el 21, nos iremos de copas etc etc.



Al cojo manteca no le invitamos porque murió unos años después de sida, y a jiramos tampoco por que salió el otro día por la tele y tenía cara de pringao.



EJERCICIO MENTAL







El primer recuerdo que tengo de mi mismo es de cuando tenia casi cuatro años, estaba en la cocina de mi casa con mi madre y mi hermano y habíamos recibido una carta de mi padre. Mi padre llevaba unas semanas en Canarias, se había ido con un amigo a montar un taller mecánico. Ese día se decidió que nos íbamos todos a los Cristianos. De lo que aconteció allí, ya os comentaré en otro momento, lo tengo en mi mente como una película y a veces mis padres flipan cuando digo algo de esos tiempos.



Pero siguiendo el reto, ¿ cual es tu primer recuerdo?

nueva noticia




Hoy he leído una noticia que me ha sobrecogido enormemente, los crustaceos sufren en la cacerola y en la sartén. Parece ser que unos científicos se han dedicado a experimentar si estos exquisitos amiguitos tenían el sistema nervioso lo suficientemente desarrollado como para sentir dolor. Parece ser que si. Ahora ya estoy viendo a las organizaciones de defensa de los animales manifestándose en contra de las gambas a la plancha y cosas similares. Saldán algunos diciendo, mientras se comen un suculento bogavante a la costa brava, que si sus primos han dicho que eso no es verdad, o que a ellos nadie les dice lo que tienen que comer o no comer. Yo por mi parte, y si el acido úrico me lo permite, seguiré siendo un poco antiecologista y me pondré hasta arriba siempre que pueda de estos nobles y sufridores animalillos

breve autorretrato hecho por mi mismo


Cuando alguien me la mira yo sonrío.
-Pues sí, ¿ qué pasa?, soy medio duende.
Y es que mi oreja derecha tiene la parte superior aplastada. Yo siempre me hacía ilusiones de pertenecer a alguna especie medio humana, medio duende. Soñaba que el día que nací, horas antes de la noche de San Juan, unos duendes me raptaban para convertirme en uno de ellos, siempre me rescataban justo a tiempo, pero en mi oreja derecha... Hasta que hace unos días me fijé en que mi abuelo la tenía igual. Vaya chasco, aunque, bueno, tampoco fue para tanto, la verdad es que mi abuelo, el único al que conocí ya que el otro se separó de mi abuela para irse a vivir la vida loca, se parecía bastante a mí.
- ¡Eres igual que tu abuelo!.- Me gritaba mi madre.
Con mi abuelo proyecté la travesía en un barco de toneles entre su casa en Miranda de Ebro y la mía en El Escorial. Sí, ya sé que no hay forma de navegar entre ambos puntos, pero eso no era obstáculo para nosotros.

Ya conocéis mis orejas. Sobre mis ojos os diré que se han escrito muchas cosas, pero, tal vez, lo que más me gustó es aquel poema que se decía que eran navegables. Un día estaba en una frutería con mi amigo Salva y una señora se me quedó mirando y gritó:
- ¡ La madre que te parió!. ¡Vaya ojazos que tienes niño!.
No sé si fue más el susto o la risa, pero no creo que lo olvide nunca.

Mi nariz y mi boca son más bien normales, y viendo algunas narices que circulan por ahí, puedo decir esto con cierto alivio.
Y esté sería mi breve autorretrato, pero como yo siempre he admirado a los pintores que se pintaban de cuerpo entero, os diré que mis espaldas son anchas y que un día fue pívot de un equipo de baloncesto, a pesar de solo medir 1.70.
Mi piel es blanca, muy blanca, y cuando me da el sol en verano no me libro de que la gente me hable en inglés. Mis andares son eso, andares. Parece que tengo un muelle por caderas y si voy escuchando música mientras camino la gente se cree que voy bailando.
Mis pies son raros, y grandes, y su gran puente me dio un año más de vida al librarme de la ya obsoleta mili.

Y ya poco más que deciros, que a veces tengo un extraño sentido del humor que no todo el mundo entiende, que nunca llevo reloj, que no me gustan las gafas de sol y, bueno, y también, que no siempre le he vencido a la muerte.



un beso a todos